Los de antes...
Ya no somos los de antes. Que va. Aquellos murieron hace mucho tiempo. Murieron pagando cuotas, y trabajando los domingos, vendiendo su juventud a plazos. Murieron frente a las pantallas, quietos en su acomodo persiguiendo cosas que jamás necesitaban. Los enterró el consumismo, la comodidad cobarde, el miedo, el temor, a quedarse solos, el silencio. Ya no somos los de antes (ni por asomo) porque el mundo moderno nos arrancó la rabia. Nos enseñaron a sobrevivir cansados, a sonreír endeudados, a llamar libertad a eso de elegir entre marcas. Y creíamos avanzar -verdaderos ilusos-, mientras algo dentro de nosotros se podría lentamente. Aquellos que soñaban, que luchaban, que amaban sin precio, ya no existen. Ojalá existieran . Quedamos nosotros: los hijos del ruido, del algoritmo, d el vacío brillante. Cadáveres funcionales aprendiendo a vivir como si aún -aú...