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Cloacas

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Bajo el mármol pulido del Congreso, bajo el discurso limpio y bien planchado , ruge una ciudad de tuberías negras, el reino de las siniestras sombras, una patria de despachos perfumados donde la verdad entra mendigando y la mentira sale en coche oficial.   Las cloacas.   Allí no hay colores. No. Ni rojo. Ni azul. Ni morado. Ni verde. Allí sólo existe el color del dinero. Y mientras la grada se queda afónica defendiendo sus siglas como fanáticos, los dueños del tablero brindan juntos cuando se apagan las cámaras.   Camps. Los ERE. Kitchen. Bárcenas. Leire. Zapatero. Sánchez. Begoña. Koldo. Ábalos. Cerdán. Aldama. Julián Muñoz. Urdangarin… y un largo etcétera. Nombres que atraviesan décadas, ecos de un mismo teatro, actores que cambian de máscara y, mientras tanto, el escenario permanece intacto.   Porque el truco nunca fue la ideología. Que va. El truco fue convencernos, sí. Convencernos de que nu...

Invencible

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    Zarpó creyéndose destino,   con los mástiles erguidos   como catedrales que desafían al viento. Cada barco llevaba un sueño amarrado al casco,   un reino entero latiendo bajo cubierta,   y en los cañones no había pólvora solamente había fe, orgullo, hambre de eternidad. Pero el mar, viejo dios sin bandera,   se burló de los hombres y de sus imperios.   Deshiló las velas como quien rompe cartas de amor   y arrojó los galeones contra la noche. ¡Maldita noche! Qué parecidos son los sueños a aquella Armada ¿verdad?,   parten invencibles hacia tierras imposibles,   conquistándolo todo en la imaginación   y naufragando, a veces, contra sí mismos. Y es que hay derrotas que no las firma el enemigo, sino el viento. Y como tal, recuerdo es, historia imborrable, viento, fuego, memoria del tiempo, un susurro eterno… Invencible.

Mi manera más eterna de existir será morir

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Cuando el tiempo termine de pronunciar mi nombre, y la tierra reclame lo que siempre fue suyo, de mi descomposición nacerán flores que no sabrán nada de mis errores.   Quizá sea entonces cuando por fin sirva para algo: alimentar la belleza sin tocarla, dar color al mundo sin mancharlo, sostener la vida desde el silencio.   Porque fui torpe con el amor. Hice llorar a los únicos ojos que alguna vez quisieron verme feliz. Y aún cargo esa tristeza como quien lleva invierno bajo la piel.   Pero tal vez la naturaleza sea más sabia que yo. Quizá convierta mis ruinas en jardines, mis culpas en raíces..., y mis restos en pétalos que se abran al sol.   Así, donde yo termine, algo hermoso comenzará.

Los nombres que me dieron. Anatomía de un desconocido

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  La noche había entrado en mi cuarto como entra el agua por una grieta, despacio, en silencio, sin pedir permiso... No encendí la luz. No. Prefería la penumbra, porque en la oscuridad los objetos no piden un nombre, y yo llevaba demasiado tiempo ya sin saber cómo llamarme. Había días en los que me miraba al espejo y no reconocía ni siquiera la forma de mis propios ojos. No era una cuestión de rostro, sino de fondo. Como si tras la piel hubiera alguien que se hubiese marchado hace años y hubiera dejado la casa abierta, las ventanas chocando con el viento, las fotografías arrugadas sobre los viejos muebles. La gente, sin embargo, parecía tenerlo claro. Siempre había alguien dispuesto a explicarme quién era yo. Eres frío, decían. Eres demasiado sensible. Eres arrogante. Eres débil. Eres bueno, pero te escondes. Eres falso. Eres triste. Eres complicado... eres, eres y eres. Solo decían, ellos no se definían. Eres exactamente lo que ellos necesitaban que fuera para justif...

Odisea

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Ulises huía de las sirenas -de policía-, con Troya ardiéndole aún dentro de la cabeza. Arrastraba, prisionero, un caballo de madera cargado de sueños, del que escapaban, heridos, sus anhelos. El mundo olía a vino viejo y a vicio roto, a hombres perdiéndose lejos de sí mismos, hombres que olvidaron su destino. Pero él seguía el hilo rojo de su sino, cruzaba el dolor y el precipicio por volver a los ojos de su camino.   Y es que Penélope era tranquilidad en medio del abismo, paz entre la guerra, la única verdad sobre la tierra, la luz que no naufraga con la luna. Ella era su Ítaca, su fuego, su sentido… Él, marinero del dolor y del camino. Y aunque los mares, el tiempo y la guerra rugieran, a pesar de que el tiempo lanzara su condena, ni el mar, ni Aquiles, ni Héctor… ni el mismísimo olvido pudieron separar aquella escena, ya que hay amores que ni los dioses destierran: “dos almas que se buscan sin ruido”.   Porque la Odisea no era volver a casa, no...

Terrorista internacional

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  El amor era un terrorista sin bandera. Lanzaba besos como granadas y dejaba corazones ardiendo en las aceras. Las caricias viajaban ocultas como espías bajo la ropa, y en cada cama había soldados derrotados haciendo del deseo su última trinchera. Se amaban a traición. Con la boca llena de pólvora y poesía. Disparaban miradas al pecho hasta sembrar de ruinas toda la madrugada. Porque el amor no salva: invade. Entra como el caballo en Troya, silencioso y hermoso, y cuando quieres darte cuenta ya tienes la guerra viviendo en la cabeza. Por ti se incendiaron imperios, se escribieron epopeyas y funerales. Roma al revés: amor. Ruina para unos, para otros la única patria posible. Maldito terrorista del alma, todo lo puedes y todo lo dueles. Dejas flores bomba en las manos, atentados de sueños en los hoteles, cadáveres de insomnio bajo las sábanas. Y, aun así, a pesar de disparar directo al pecho, y hacer del mundo un campo de herid...