En tu deriva
¿Cómo mantener la calma
si en mi cabeza eres un Red Bull desbordado,
un pulso acelerado en las
arterias
que aprende a doler como si
fuera sagrado?
¿Cómo fingir que no pasa nada
si te bebo a sorbos de insomnio
lento,
para mantenerme despierto en tu
idea,
para habitarte sin
consentimiento?
Eres una fiebre que duda,
un latido que irrumpe sin pedir
permiso,
vértigo dulce clavado en la
nuca,
un “casi” constante que nunca
es preciso.
Y yo, mientras intento
apagarme,
acabo encendiéndome en tu
deriva:
como esos incendios que no se
detienen
y solo aprenden a llamarse
vida.

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