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Mostrando las entradas etiquetadas como amor

En tu deriva

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¿Cómo mantener la calma si en mi cabeza eres un Red Bull desbordado, un pulso acelerado en las arterias que aprende a doler como si fuera sagrado?   ¿Cómo fingir que no pasa nada si te bebo a sorbos de insomnio lento, para mantenerme despierto en tu idea, para habitarte sin consentimiento?   Eres una fiebre que duda, un latido que irrumpe sin pedir permiso, vértigo dulce clavado en la nuca, un “casi” constante que nunca es preciso.   Y yo, mientras intento apagarme, acabo encendiéndome en tu deriva: como esos incendios que no se detienen y solo aprenden a llamarse vida.

Odisea

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Ulises huía de las sirenas -de policía-, con Troya ardiéndole aún dentro de la cabeza. Arrastraba, prisionero, un caballo de madera cargado de sueños, del que escapaban, heridos, sus anhelos. El mundo olía a vino viejo y a vicio roto, a hombres perdiéndose lejos de sí mismos, hombres que olvidaron su destino. Pero él seguía el hilo rojo de su sino, cruzaba el dolor y el precipicio por volver a los ojos de su camino.   Y es que Penélope era tranquilidad en medio del abismo, paz entre la guerra, la única verdad sobre la tierra, la luz que no naufraga con la luna. Ella era su Ítaca, su fuego, su sentido… Él, marinero del dolor y del camino. Y aunque los mares, el tiempo y la guerra rugieran, a pesar de que el tiempo lanzara su condena, ni el mar, ni Aquiles, ni Héctor… ni el mismísimo olvido pudieron separar aquella escena, ya que hay amores que ni los dioses destierran: “dos almas que se buscan sin ruido”.   Porque la Odisea no era volver a casa, no...

Terrorista internacional

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  El amor era un terrorista sin bandera. Lanzaba besos como granadas y dejaba corazones ardiendo en las aceras. Las caricias viajaban ocultas como espías bajo la ropa, y en cada cama había soldados derrotados haciendo del deseo su última trinchera. Se amaban a traición. Con la boca llena de pólvora y poesía. Disparaban miradas al pecho hasta sembrar de ruinas toda la madrugada. Porque el amor no salva: invade. Entra como el caballo en Troya, silencioso y hermoso, y cuando quieres darte cuenta ya tienes la guerra viviendo en la cabeza. Por ti se incendiaron imperios, se escribieron epopeyas y funerales. Roma al revés: amor. Ruina para unos, para otros la única patria posible. Maldito terrorista del alma, todo lo puedes y todo lo dueles. Dejas flores bomba en las manos, atentados de sueños en los hoteles, cadáveres de insomnio bajo las sábanas. Y, aun así, a pesar de disparar directo al pecho, y hacer del mundo un campo de herid...

La luna, el sol y yo

  La luna nunca se bañó en el mar en el que siempre se reflejaba, solo lo miraba desde lejos, temblando en su propia calma, crecía o menguaba, según el día, sin tocar aquello que anhelaba, como quien sueña con un abrazo que nunca alcanza. El sol salía y se escondía, monótono y puntual en su despedida, se deshacía entre las calles doradas del día, dejando migas de luz en cada rincón del que huía, como si supiera que la ausencia también ilumina.   Ella quería ser como él, ardiente y sincera, brillar sin miedo, sin sombras, sin espera…, ninguno mentía en su forma de existir, pero ambos ignoraban lo que es quedarse a vivir.   Y yo…, yo solo quiero verte en mi mar, ser el sincero espejo al mirar, desear un abrazar… aunque seas reflejo y nunca quieras bajar, aunque seas distancia vestida de claridad, aunque duelas como duele lo que no se puede nombrar.   Porque hay amores que son cielo, y otros que nacen para naufragar, y el ...

Te juro que no es poesía, es vértigo

Me gustas como los domingos nublados, como el café sin azúcar cuando llueve, como la herida que no sangra, pero duele.   Me gustas sin prisa, como el jazz que se cuela entre los huesos, me gustas más que dormir sin alarma y menos que perderte, que es mi mayor miedo.   Eres como ese libro que nunca presto, pero leo a escondidas, como la frase que repito porque me suena a la misma vida.   No te lo digo, pero te lo escribo. Y cada palabra es un trozo del ladrillo de la casa que me gustaría construir contigo.   Fuiste canción antes que nombre, eco antes que risa, te soñé sin ponerte cara pero con la voz precisa, y el sentir que no se esconde.   No soy poeta, soy cobarde con buena caligrafía. Y tú eres mi poema favorito, aunque no me sepa la rima.   Tú eres de esas que no se olvidan, ni con terapia, ni con otra. Porque no fuiste una historia… fuiste la que le dio forma.   La forma en la que ...

Cenizas y Conquistas

  Como Nerón ante el incendio de su propia Roma, contemplo el desastre mientras pulso la lira; me bato en la arena, gladiador sin escolta, y para tus ojos, mi pecho es el Coliseo que te mira. ​Busco el equilibrio en este talón de Aquiles, siendo el telón de fondo de una guerra ya perdida, pues caí en la playa de una Troya de sombras donde mi única gloria es saberte mi herida. ​Te querré siendo Asturias, rincón de resistencia, sin corona que me pese, ni un dios que me nombre; el último refugio frente a la indiferencia, la cuna de un reino que no sabe de normas. ​Y aunque seas América, vasta y lejana, tierra desconocida que otros quieren reclamar, seré yo el navío que en tu costa descansa, dispuesto a perderse para poderte encontrar. ​Pues si para la gente no eras más que el silencio, un rostro en la turba, un detalle profundo... para ellos, no eras nadie, lo entiendo, pero es que para mí, tú eras todo el mundo.

Hoy me fallé

Hoy me fallé, como tantas otras veces, y en ese gesto torpe sentí fallarle al mundo entero. También. Hoy me odié, un odio injusto donde arrastré los nombres de quienes amaba al mismo abismo. Hoy fracasé. Caí. Y en esa maldita caída arrastré las manos que se tendían para salvarme. Me abandoné. Fui valle de lágrimas, depresión honda entre montañas de silencio, eco de un grito al que nunca pedí auxilio. Te perdí. Me perdí. Me rompí en mil intentos de ser fuerte, en promesas que no supe cumplir, en noches donde respirar dolía y amanecer parecía una traición. Y en el suelo, con la culpa pesando cual piedra, descubrí algo pequeño, invisible..., y es que seguía vivo. Pero tal vez mañana, con manos temblorosas y el miedo en la voz, pueda recoger mis pedazos, pedirme perdón, y volver a intentar quedarme. No por valentía, sino por cansancio de huir de mí.

Amor

  Amor Me arrastro. Me odio. Le temo al seguir, y aun así sigo temiendo. Ya descubrí el mundo: el odio, el amor… ay, el amor, maldita asignatura pendiente que me mató despacio, que me abrió en canal, que me arañó, se instaló, se enroscó en mis huesos como un parásito fiel. Me mostró su rostro: dulce, cruel, hermoso y afilado. Una vela que empuja, un péndulo que castiga, un acantilado, una sombra que no se borra. Cicatriz. Tatuaje. Lágrimas. Recuerdos. Tormenta y tormento. Un beso con el corazón abierto a ras del sueño. Quien lo conoce lo sabe: te asiente, te asiste. Amor, tirano sordo, efímero eterno, recuerdo que respira, momento muerto pero vivido. Polvo. Ceniza. Humo. Lamento. Belleza incrustada, fotos quemadas, papel mojado, palabras al viento. Ay, amor, cuánto te quiero, cuánto te echo de menos. Y ahora muero, sin miramientos, ahorcado en tu latido: latiendo lento, explotando ...