En tu deriva
¿Cómo mantener la calma si en mi cabeza eres un Red Bull desbordado, un pulso acelerado en las arterias que aprende a doler como si fuera sagrado? ¿Cómo fingir que no pasa nada si te bebo a sorbos de insomnio lento, para mantenerme despierto en tu idea, para habitarte sin consentimiento? Eres una fiebre que duda, un latido que irrumpe sin pedir permiso, vértigo dulce clavado en la nuca, un “casi” constante que nunca es preciso. Y yo, mientras intento apagarme, acabo encendiéndome en tu deriva: como esos incendios que no se detienen y solo aprenden a llamarse vida.