Amor

 Amor


Me arrastro.

Me odio.

Le temo al seguir,

y aun así sigo temiendo.

Ya descubrí el mundo:

el odio,

el amor…

ay, el amor,

maldita asignatura pendiente

que me mató despacio,

que me abrió en canal,

que me arañó, se instaló,

se enroscó en mis huesos

como un parásito fiel.

Me mostró su rostro:

dulce, cruel,

hermoso y afilado.

Una vela que empuja,

un péndulo que castiga,

un acantilado,

una sombra que no se borra.

Cicatriz.

Tatuaje.

Lágrimas.

Recuerdos.

Tormenta y tormento.

Un beso con el corazón abierto

a ras del sueño.

Quien lo conoce lo sabe:

te asiente, te asiste.

Amor, tirano sordo,

efímero eterno,

recuerdo que respira,

momento muerto

pero vivido.

Polvo.

Ceniza.

Humo.

Lamento.

Belleza incrustada,

fotos quemadas,

papel mojado,

palabras al viento.

Ay, amor, cuánto te quiero,

cuánto te echo de menos.

Y ahora muero,

sin miramientos,

ahorcado en tu latido:

latiendo lento,

explotando sin sentido,

sin sentimiento,

entre llanto y risa

de sábado en madrugada.

Frío solitario que me abraza,

abrazo hueco, vacío,

alma deshecha.

Anhelo.

Amor… ¿quién te conoce?

Por ti muero.

Y si he de vivir,

me escondo,

te busco,

te escucho como concierto

de letra torcida.

Al revés eres Roma.

Lucha eterna,

ciudad de piedra.

Si antes fui coliseo,

ahora soy gladiador

batiéndome por tu libertad.

Amor, Roma, aroma atroz.

Te pienso y vuelvo;

no estás.

Te siento y huyo;

aun así me encuentras.

Ya me tocaste.

Me heriste.

Me escupiste.

Cupido tuerto:

esa flecha buscaba a otro.

Amor, mar revuelto,

dulce condena,

que besa y duele,

que sube escaleras

y me deja sin aire.

Belleza forjada de labios,

palabras robadas

a poetas muertos.

Luz tenue,

oscuridad brillante.

Esta oda es para que sepas,

para que sepan

las Atenea y las Afrodita,

los Apolos y los Bacos,

que el tiempo pasa como odisea,

que prefiero un beso

aunque llegue con lágrima,

que te tengo calado

como tú a mí.

Lluvia mojada,

consuelo insuficiente.

Cordura innecesaria

que dura lo que un parpadeo.

Prefiero el abrazo

aunque sea despedida.

Todo eso eres:

bala perdida,

inocencia escondida,

callejón sin salida.

Quien te probó lo sabe.

Vaya si lo sabe.

Temblor de palabra,

piel erizada,

dolor, rencor,

sonrisa, caricia,

sueño, deseo,

timidez hecha carne.

Reguero.

14 de febrero.

Lucha y combate.

¿Ya lo sabes?

Impronunciable,

encrucijado,

atado en lágrimas,

sediento de beber tu veneno.

Droga mal diseñada,

adicción sin cura.

Alas libres,

plumas sin tinta,

sueños rotos,

trapos sucios,

corazón cosido.

Y al final,

avenida cerrada.

Amor…

dime tú qué buscas.

Quien te probó lo sabe.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Entre rosas y gaviotas... no sé

Soy... poesía

Postureo, S.A.