La luna, el sol y yo
La luna nunca se bañó en el mar en el que siempre se reflejaba,
solo lo miraba desde lejos, temblando en su propia calma,
crecía o menguaba, según el día, sin tocar aquello que anhelaba,
como quien sueña con un abrazo que nunca alcanza.
El sol salía y se escondía, monótono y puntual en su despedida,
se deshacía entre las calles doradas del día,
dejando migas de luz en cada rincón del que huía,
como si supiera que la ausencia también ilumina.
Ella quería ser como él, ardiente y sincera,
brillar sin miedo, sin sombras, sin espera…,
ninguno mentía en su forma de existir,
pero ambos ignoraban lo que es quedarse a vivir.
Y yo…,
yo solo quiero verte en mi mar,
ser el sincero espejo al mirar,
desear un abrazar…
aunque seas reflejo y nunca quieras bajar,
aunque seas distancia vestida de claridad,
aunque duelas como duele lo que no se puede nombrar.
Porque hay amores que son cielo,
y otros que nacen para naufragar,
y el mío se quedó flotando en silencio,
aprendiendo solamente a no tocar.
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