Invencible

 

 Zarpó creyéndose destino,

 con los mástiles erguidos

 como catedrales que desafían al viento.

Cada barco llevaba un sueño amarrado al casco,

 un reino entero latiendo bajo cubierta,

 y en los cañones no había pólvora

solamente había fe, orgullo, hambre de eternidad.

Pero el mar, viejo dios sin bandera,

 se burló de los hombres y de sus imperios.

 Deshiló las velas como quien rompe cartas de amor

 y arrojó los galeones contra la noche. ¡Maldita noche!

Qué parecidos son los sueños a aquella Armada ¿verdad?,

 parten invencibles hacia tierras imposibles,

 conquistándolo todo en la imaginación

 y naufragando, a veces, contra sí mismos.

Y es que hay derrotas

que no las firma el enemigo, sino el viento.

Y como tal, recuerdo es, historia imborrable,

viento, fuego, memoria del tiempo,

un susurro eterno… Invencible.



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