Invencible
Zarpó creyéndose destino, con los mástiles erguidos como catedrales que desafían al viento. Cada barco llevaba un sueño amarrado al casco, un reino entero latiendo bajo cubierta, y en los cañones no había pólvora solamente había fe, orgullo, hambre de eternidad. Pero el mar, viejo dios sin bandera, se burló de los hombres y de sus imperios. Deshiló las velas como quien rompe cartas de amor y arrojó los galeones contra la noche. ¡Maldita noche! Qué parecidos son los sueños a aquella Armada ¿verdad?, parten invencibles hacia tierras imposibles, conquistándolo todo en la imaginación y naufragando, a veces, contra sí mismos. Y es que hay derrotas que no las firma el enemigo, sino el viento. Y como tal, recuerdo es, historia imborrable, viento, fuego, memoria del tiempo, un susurro eterno… Invencible.