Nos robaron el recreo
Nos robaron el recreo
Echo de
menos el lápiz mordido,
la
carta escrita con faltas y amor,
el beso
de mamá al ir al colegio,
el
mundo sin filtros, ni miedo, ni horror.
Cuando
el premio era el rato sin deberes,
y el
castigo: no salir a jugar,
cuando
un “lo siento” valía más que un máster
y el
perdón no se daba por WhatsApp.
Los
cromos, las canicas, los veranos sin reloj,
las bicis cuesta abajo con rodillas en flor,
las
princesas aún vivían en torres,
y los
dragones dormían bajo el edredón.
La
infancia no sabía de bandos ni de ismos,
éramos
solo niños,
con
barro en las uñas
y el
alma intacta.
No
había “youtubers”,
queríamos
ser astronautas o futbolistas,
exploradores,
bomberos, artistas,
y mamá
nos decía: “media hora más… pero a cenar”.
Ahora
todo es pantalla,
todo es
ruido,
todo
ansiedad.
Nos
metieron miedo en vena
y nos
dieron libertad… condicionada,
con
contrato, con cadena.
Nos
quitaron la infancia,
nos
vendieron la “tolerancia”,
pero
nos sembraron odio a base de ideología,
y los
profes ya no enseñan,
repiten
dogmas con sonrisa de pedagogía.
Si te
pegaban, te defendías,
ahora
todo es trauma, denuncia,
psicología.
Ya no
se puede jugar con la piel descubierta,
todo
ofende, todo duele, todo alerta.
Y las
redes…
¡ay,
las redes!
Nos
enredaron.
Pusieron
la amistad en emojis,
el amor
en doble check,
el “te
quiero” en stories con filtros de perro.
Y se
nos fue la verdad…
por el
Wi-Fi.
Nos
robaron el mañana
que
soñamos en pijama.
Nos
arrancaron la fe en el esfuerzo,
en el
caer y levantarse,
en el “tú
puedes, aunque cueste”.
Ahora
todo es fácil,
todo
rápido,
todo se
exige,
nada se
gana.
Y aún
así,
en
medio del ruido,
yo
busco.
Busco
esa carta en papel,
ese
abrazo sin pantalla,
ese
juego sin miedo,
ese
castigo que era cuidado disfrazado de rabia.
Quiero
volver a cuando el tiempo
era
eterno,
cuando
el mundo cabía en una mochila,
cuando
el futuro no era Excel ni terapia,
sino un
dibujo mal hecho con sueños y plastilina.
Y sí…
quizá
ya no exista.
Quizá ese mundo se esfumó
como un recreo corto.
Pero
dentro de mí,
sigue
vivo.
Y
mientras respire…
no está
todo roto.

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