Vivo en el 2025

 

Vivo en el 2025


Suena a futuro, ¿verdad?
Pero no hay coches que vuelan ni robots que piensen por nosotros,
ni cuerpos que se disuelven en un rayo de luz para llegar al trabajo.

Vivo en el futuro, sí,
pero no en el sueño que mis padres miraban por la ventana azul del televisor.
Hay pantallas, infinitas,
pero la gente sigue muriendo igual: sola, cansada, distraída.

Los centros comerciales son catedrales del consumo,
templos donde se reza con la tarjeta en la mano.
Se vende todo: la calma, la esperanza, el alma en cuotas mensuales.

Niños bien hacen giras para “salvar a España”.
Banderas palestinas ondean en manos que no saben pronunciar Gaza.
Y yo… ¿a quién voto?

¿A los del odio disfrazado de patria?
¿A los del perdón eterno y la culpa heredada?
¿A los de la pulsera bendita?
¿A los del frente hebreo, los verdes patrióticos, los ladrones con corbata?
¿A los de las vacunas y sus sombras?
¿A los de la hipoteca y el “come lo que puedas”?
¿A los del desahucio, la eutanasia, el aborto, la frontera abierta?
¿A los azules, a los rojos?
Qué más da, si todos hablan y nadie escucha.

El futuro no era esto.
El futuro no es lo que era.
¿Y yo…? yo no quiero votar.

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