Un sendero oscuro
Un sendero oscuro
Un sendero oscuro, melancolía que va a parar al deshecho podrido del mundo, cloacas son las calles que los indeseables han transformado en el día a día.
Paseo, camino, sobrevivo, distraído y atento. Los laureles de otros bustos secos muestran las huellas pretéritas de quienes no están, pero nos hablan.
Cipreses se elevan al canto del mudo mundo donde habitaremos bajo losas de piedra que serán manta y cobijo.
Los quietos, si los quietos, nos advierten y se regocijan de dolor. Lloraremos sangre según el enemigo, dolor, sangre y sufrimiento. Pero seguimos elevando la frente y el corazón, con la sonrisa esperanzada en el mañana, con los puños cerrados agarrando nada, solo la rabia y el orgullo de no ser como ellos pues ordenan, pero no mandan, no somos ovejas y quizá tampoco leones y de ser algo somos almas que combaten para recuperar lo que nos robaron. Almas ardiendo.
Las rosas se pudren y las gaviotas no vuelan, y deseamos que así sea. Desamparo auspiciado por las pirámides y los compases que pretenden imponer los designios del sino inexistente. La tierra es un solar devastado en forma de placas, la luz... la luz es nuestra y donde más oscuridad haya más brillaremos.
Un sendero oscuro, melancolía...
Ya no lloro, combato y me hundo, deshechos, tribunas y poltronas vacías ardiendo y sus cadáveres andantes aplauden.
Pero ¿Qué vais a mandar, vosotros, hombres sin honor, si el poder es nuestra libertad?
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