Como en Tullerias
Como en Tullerias
El viento y la lluvia de frente. Como se puede se avanza. No se retrocede.
Calados hasta los huesos. No eran hombres y tampoco dioses. Almas cautivas en busca de libertad. Con horcas y sogas se dirigían hacia lo que llamaban parlamento.
Iban sin retroceder, ataviados con rabia contra quienes mandaban, con la idea de un mundo mejor, el que ellos, si ellos, les habían robado.
Avanzaban. No retrocedían. Ya no había lágrimas en sus ojos. Sino el deseo de libertad. Se habían reído ya mucho del pueblo pero el pueblo se había unido. Sus corbatas y jueces ya no servían de nada.
Solo aquella plaza, como en Tullerias, sería testigo de la justicia del pueblo.
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