Esta agonía
Esta agonía
Esta agonía que me supera y me abraza me recuerda que la tristeza es el fruto del ayer desaconsejado por el futuro que nos quiere legar otros tiempos y es donde sin embargo soy y siento el ser, viento del incontrolable cansancio que me llevará por doquier allende otras sendas de la depresión que me provoco, pues no me quiero ni yo, ni quiero estar o ser, solo caer en mi antojo despreocupado que portan y prometen mis lágrimas deseosas de salir a flote y secarse en el reguero salado que a su paso deja el recuerdo en brazos ajenos donde no me encuentro ni lo intento.
Aspavientos de un sinsentido en la duermevela que me desvela el motivo donde quiero volver a ser y ser en el volver inequívoco de unos besos que esperan ser tenidos, atendidos, en cuenta para desgastarse y degustarse en el clamor del olvido atormentado que aflora en la piel con los pelos de punta en un regreso inesperado cuál guerrero y villano a su vez, audaz y cansado por el pensamiento que un día portará como castigo y penitencia de una cárcel que carga a cuestas en el lamento herido de un susurro pasado que tanto ha callado encerrado y sin voz en un alma vacía que ya no siente ni se miente ni se mece ni entiende ni combate ni quiere... o tal vez si para volver, volverse, tenerse y sentarse a salvo, no temerse, ni remorderse, en la espesura, esperanza, de sus sueños donde verdaderamente quiere, es y está claro como el cielo azul de una mañana de primavera revolucionaria en el ajetreo del olor afanado en una presa silenciosa que pasta al amparo y merced del soleado y cálido, agradable, clima de un beso que le hace sentir y sentirse en el abismo enorme y espacioso del sinsentido del mundo paralelo en el que vive y agoniza.
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