Amanece

 Amanece. Asoma el sol, tímido, ya visible;

despierta el campo, bosteza.

Las flores, las crisálidas… se abren.

El sol se eleva: brilla y quema.

El campo trabaja,

alimenta a la ciudad hambrienta,

a quienes no creen en este inmenso templo verde.

Amanece, y la lucha se rehace constante,

contra la oscuridad, contra la noche…

donde las almas se esconden.

Amanece. Lucha. Sol.

Y, aun así, persiste la sombra.

Pero la luz insiste,

lenta, terca, inevitable,

como quien ama sin saber por qué.

Y vuelve

—no vence, no acaba—,

vuelve

a nombrarlo todo.

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