Felicidad...

Felicidad, ¿Qué fue de ti?
Si acaso te busco y ya no sé si existes.
Si alguna vez fuiste mía o sólo te soñé.
Felicidad, ¿Dónde estás?,
ahogada en lamentos,
en pañuelos arrugados,
en tazas de café frío 
y persianas a medio bajar…
Si acaso te encontrara.
Miro a los jóvenes enamorados
que caminan sin prisa, riéndose de nada,
como si el mundo no pesara.
A los cachorros de cuatro patas
tirando de sus dueños hacia la vida,
como si cada esquina fuera una fiesta.
A la madre y a su hijo,
sus manos enlazadas,
esa pequeña eternidad que cabe en un abrazo.
A la hierba bajo la sombra del árbol,
meciéndose suave,
con esa paz que yo ya no recuerdo.
Y me pregunto
si tú vives allí,
en esas escenas diminutas,
en lo simple que otros pisan sin notarlo.
Felicidad, dicen los expertos,
los libros de frases subrayadas,
los enganchados a las redes sociales
que sonríen con filtros y domingos perfectos.
La nombran como si fuera fácil,
como si bastara desearla.
Pero yo te busco
como quien busca una luz en una casa vacía,
como quien apoya la frente en la ventana
y mira la vida pasar del otro lado del cristal.
Te observo en los ojos de otros,
brillando breve,
intocable,
como un idioma que olvidé hablar.
A veces creo verte
en el vapor de la ducha,
en una canción lejana,
en el olor de la lluvia sobre el asfalto…
y cuando extiendo la mano,
te deshaces.
Quizá nunca te fuiste.
Quizá soy yo
quien aprendió a caminar de espaldas al sol.
Aun así,
cada mañana abro la ventana
por si decides volver,
por si te cuelas sin avisar
y te sientas a mi lado,
silenciosa,
como una vieja amiga
que nunca dejó de esperarme.

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