Qué eterno se me hace el morir
Qué eterno se me hace el morir
Qué eterno se me hace el morir.
Camino lento, pero certero,
por esta vida sucia, efímera,
que me deja solo con el
recuerdo:
ese que me invade,
ese que me nombra,
ese que no soy.
Muerte cobarde,
pero verdadera,
última esencia del trayecto.
Vida manchada:
morir es tu objetivo.
La felicidad se esconde
en armarios vacíos,
en esquinas sin nombre,
nos aguarda disfrazada
en centros comerciales,
en el coleccionismo consumista,
en redes que son cárceles,
en rejas que nos acompañan
mientras nos desvían de la
lucha.
La lucha… esa milicia interior.
La muerte no tiene desperdicio;
allí sí que somos iguales.
Y mientras soñamos
intentamos ser,
somos intentos apenas.
Muerte cobarde,
escondite último:
damos la espalda a la vida,
se quiebran los trozos del
cielo,
los sueños quedan inacabados,
promesas ciegas, mudas.
Todo se desvanece en la vida;
en la muerte, nos descubrimos.
Pero qué eterno,
qué eterno se hace el morir.
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