Mis ojos tenían sequía
Mis ojos tenían sequía
de tanto recordarte;
mis versos, sordos,
incapaces de recitarte.
Subtitulé los besos,
vacíos, sin habla,
sin te quieros;
y traduje los abrazos,
rotos y negados.
Mis ojos tenían sequía
cuando antaño fueron mares
desbordados por tu nombre,
de tanto llorarte.
Y aun así, en la arena seca,
donde tu sombra no vuelve,
brotan silencios nuevos,
pequeñas lluvias tibias
que no saben si esperan
o simplemente recuerdan
que incluso la lluvia
sabía que quererte
era también desobedecer al mundo.
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