Invisible
Me he vuelto invisible,
y lo bueno —si hay algo bueno—
es que nadie me ve,
ni siquiera el enemigo.
Nadie.
Solo la soledad,
paciente,
sentada a mi mesa.
Me he vuelto un delincuente
de esos que roban promesas,
un fugitivo del ruido
y del delirio sordo
que habita en las personas.
Proscrito de los sábados,
de los besos alicatados,
de las pintadas
que se descascaran en el
corazón.
Un loco buscando razón,
un temido, un intrépido,
surreal,
más cercano a Dios
que ese profeta
perdido en sus montañas.
Soy inservible
en el mercado del postureo.
Los valores no valen.
La nada florece.
El vacío lo llena todo.
Luces de neón…
sombras de carne.
Me he vuelto invisible.
Y si acaso me ves,
quizá sea porque tú
también lo eres.
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