Dante Alighieri: El arquitecto del alma y del lenguaje

 Dante Alighieri: El arquitecto del alma y del lenguaje

Nacido en Florencia, es considerado el padre de la lengua italiana moderna. Vivió en un contexto de luchas políticas entre güelfos y gibelinos, lo que lo llevó al exilio. Su obra principal, La Divina Comedia, muestra una alegoría del viaje del alma hacia Dios, pasando por el purgatorio, infierno y paraíso.
Dante Alighieri, efectivamente, mezcla lo personal con lo universal, su poesía es profundamente lírica.


El poeta en tiempos de fuego

Dante Alighieri nació en Florencia en 1265, en el corazón de una Italia convulsa, dividida entre güelfos y gibelinos, aquellas dos facciones que luchaban por el poder político y religioso. Su vida estuvo marcada por la pasión, la fe y el exilio.
Pertenecía a una familia de la baja nobleza por lo que recibió una educación humanista excepcional para su tiempo -estudió retórica, filosofía, teología y los clásicos latinos, entre otras tantas-.

Estuvo enamorado de Beatriz Portinari, a quien conoció en su juventud. Ella se convirtió en el eje espiritual y poético de toda su obra, donde se observa una clara influencia del amor –su personalidad e individualismo- con la fe y el universalismo, con el acercamiento a Dios.

Dante fue desterrado de Florencia en 1302, acusado de corrupción política (acusación motivada más por rivalidades que por delitos), convirtiéndose entonces en un viajero errante, condenado a morir lejos de su ciudad natal, en Rávena (1321).

Es en su exilio cuando escribió su obra inmortal, la obra más famosa suya, que le convierte en un clásico –como a Cervantes el Quijote, por ejemplo-, La Divina Comedia. Es una epopeya que no solo elevó la lengua italiana a categoría literaria, sino que trazó el mapa simbólico del alma humana.

 es considerado el padre de la lengua italiana moderna


La Divina Comedia
El viaje del alma hacia la luz

Publicada aproximadamente entre 1304 y 1321 (la primera parte entre 1304 y 1307, siendo la última terminada en 1321, rondando su muerte), La Divina Comedia (simplemente Commedia, como lo llamó Dante[1]) se divide en tres partes bien diferenciadas: Infierno, Purgatorio y Paraíso, cada una dividida en 33 cantos (más uno introductorio en el Infierno, o séase, un total de 100).

La Divina comedia se considera una de las obras maestras de la literatura italiana, así como universal. El autor resume en ella todo el amplio conocimiento acumulado durante siglos, desde los antiguos clásicos hasta el mundo medieval, su fe religiosa y sus convicciones morales y filosóficas. El estilo de la obra posee un rico lenguaje lleno de simbología y referencias a personajes históricos y de la antigua mitología –grecolatina, sobre todo-.

Dante imagina un viaje a través de los reinos del más allá, guiado primero por Virgilio —símbolo de la razón humana— y luego por Beatriz, personificación de la sabiduría divina.

-        El Infierno: la noche del alma

En el Infierno, el autor desciende por 9 círculos donde las almas expían sus pecados eternamente. Aquí cada castigo refleja, con lógica poética y moral, el pecado cometido.
Aparecen figuras históricas y mitológicas —desde Ulises hasta Cleopatra— y también los amantes Paolo y Francesca, condenados por un amor adúltero y trágico.
En el fragmento más famoso de su encuentro se puede leer: “Amor, que a ningún amado amar perdona, / me prendió del placer tan fuerte encanto, /que, como ves, aún no me abandona.”

Es en este episodio, profundamente humano, donde se ejemplifica y condensa el tono de toda la obra: la compasión por el alma caída, el drama entre el deseo y la culpa. La definición y escenificación, a final de cuentas, del infierno.



-        El Purgatorio: la esperanza y la ascensión

El Purgatorio es el monte de la purificación. Las almas que lo habitan sufren, pero con esperanza: están destinadas a la luz. Es la fase de transición, de meditación, reposo…
Dante se reconcilia aquí con su fe, con su destino, y prepara su encuentro con Beatriz. La atmósfera se vuelve más serena, las imágenes más luminosas. Es la transición del dolor a la redención.

Es una fase que muestra la lenta purificación de sus culpas hasta la liberación. El autor, junto a Virgilio, va redimiendo los pecados mientras sube por unas escaleras. Dante se va purificando de sus pecados mientras un ángel los va borrando.

Se expían los pecados para que las almas, ya limpias y purificadas, pasen a la siguiente fase, el paraíso.  

-         Paraíso: la visión de lo eterno

En el Paraíso, donde es guiado por Beatriz, Dante asciende por las esferas celestes hasta contemplar la visión de Dios, representada como una luz infinita en la que se funden el amor y el conocimiento.
se observa el culmen del poema con uno de los versos más célebres de la literatura universal: “El amor que mueve el sol y las demás estrellas.”

Es en esta última frase donde se resume el viaje, el amor es la fuerza cósmica que da sentido al universo, al resto. Es la fuerza divina y a la vez humana.

 

Influencias y legado

Dante se inspiró en Virgilio, Aristóteles, Tomás de Aquino y los poetas trovadores provenzales, entre tantos otros. De ellos aprendió la estructura épica, la lógica teológica y la exaltación del amor idealizado. Inventó, asimismo, el terceto encadenado, una rima original que hasta ese momento no existía –de existir, lo popularizó y universalizó Dante-.
Sin embargo, su originalidad radica en haber unido lo teológico con lo personal, lo simbólico y lo autobiográfico. Su exilio, su dolor y su amor por Beatriz se transformaron en una alegoría universal del alma humana. Sus vivencias se convierten, y conjugan, en alegorías para explicar aquellas dudas filosóficas y existencialistas que, a priori, carecen de explicación científica –la muerte, el alma…-.

La Comedia no solo es una obra poética, también puede interpretarse como una enciclopedia moral, filosófica y espiritual del Medioevo, un puente entre la Edad Media y el Renacimiento.
Dante es, por tanto, el padre del idioma italiano moderno, ya que decidió escribir en lengua vernácula —el florentino— en lugar del latín, elevando así el idioma del pueblo a la categoría de arte. Sin embargo, a pesar de que Italia tardaría en unificarse (lo hace en el siglo XIX), hay que decir que Dante será considerado uno de los padres de Italia, pero sobre todo del idioma italiano, gracias a su obra se habla en ese idioma en toda Italia.

 

Otras obras
El pensamiento detrás del poeta

Antes y durante la gestación de La Divina Comedia, Dante escribió otros textos fundamentales, no tan famosos como se puede ver:

La Vita Nuova (1293). Es una obra en prosa y verso donde narra su amor platónico por Beatriz. Es el germen de la Comedia, una mezcla de misticismo y ternura que inaugura la poesía del “dolce stil nuovo”.

De Monarchia (1313). Es un tratado político en latín donde defiende la independencia del poder civil frente al eclesiástico. Algo parecido al Príncipe que Maquiavelo escribirá siglos mas tarde.

Convivio y De vulgari eloquentia. Muestra una serie de ensayos en los que reflexiona sobre la lengua y el conocimiento.

 

Dante hoy
El poeta que soñó el infinito

Hace ya más de siete siglos de su muerte y Dante sigue siendo una brújula moral y estética. Su viaje interior sigue resonando en quienes buscan un sentido, la justicia o redención.
Su lenguaje sigue vivo en la literatura, el cine, la música y la pintura. Borges lo llamó “el mejor poeta del mundo”, y T.S. Eliot afirmó que “Dante y Shakespeare dividen el mundo moderno entre ellos; no hay un tercero”. Aunque he de decir que discrepo, pues, en primer lugar –por repercusión, sobre todo-, estaría Miguel de Cervantes (pero, supongo, que eso es otro tema).

Dante no solo creó un poema, creó también una forma de mirar el alma humana, de ver el mundo, entremezclar el amor y la fe, su experiencia en el mundo terrenal. Así, se observa que el Infierno no está bajo la tierra, sino dentro de cada uno de nosotros.

 

Conclusión

Dante Alighieri fue más que un poeta, fue un hombre avanzado, muy por delante en su tiempo, fue un cartógrafo del espíritu.

Su obra traza el mapa del viaje que todos, tarde o temprano, emprendemos, un viaje del error al entendimiento, del exilio al amor, de la oscuridad a la luz. De la vida a la muerte, donde pasaremos por el purgatorio a limpiarnos.



[1] Boccaccio, otro humanista y junto a Dante y Petrarca padre de la lengua italiana, fue quien añadió más tarde el adjetivo “divina” a la obra de Dante.

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