Ciudad de humo y auroras
Ciudad de humo y auroras
La ciudad despierta cansada de sí
misma,
sus venas son calles por donde
sangra el ruido.
El tiempo, ladrón sin rostro,
roba segundos con manos de neón.
Camino entre sombras buscando mi
luz,
un eco de fe perdida me sigue los
pasos.
El viento me susurra verdades
oxidadas,
y el cielo llora con lágrimas de
alquitrán.
Pero entre tanto gris florece una
voz:
“resiste”, dice, “sé fuego sin
quemar,
sé calma violenta, raíz en el
asfalto.”
Y entonces entiendo:
el alma también grafitea sus
muros,
pintando esperanza donde antes hubo miedo.
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