Se nos olvidó que nos íbamos a querer siempre...

 Se nos olvidó que nos íbamos a querer siempre...


Se nos olvidó,
como se olvida una llave en la puerta,
un café en la mesa,
un latido en el pecho.

Y ahora caminamos con la certeza amarga
de que fuimos eternos solo en la promesa,
y que lo eterno dura menos
que el silencio después del último beso.

Quizá el error fue creer
que el amor era una casa,
cuando en verdad era fuego:
o lo cuidas,
o te consume.

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