Aquí duermo

 Aquí duermo

 

Aquí duermo, 

como todos los que yacen sin saber que ya no viven.

No cumplí mis sueños, no volé, 

ni me atreví a ser quien fui.

Callé mis sonrisas y silencié mis alas, 

me rendí por agradar.

 

Hoy estoy con los quietos, los callados, 

los que fueron sombra en la tierra.

Cuerpos sin alma, restos de historias no contadas…

de vidas no vividas.

 

El tiempo —tirano sordo— no espera por nadie.

Y ahora, en mis últimos instantes, 

cuando el aliento se rompe en suspiros,

me grita lo que antes susurraba: "Olvida el aplauso, sé tú,

que quien vuela es el tiempo y nunca vuelve atrás."

 

Veo los cipreses, altivos entre lápidas dormidas,

los únicos vivos en la necrópolis.

Y pienso: todos vendremos aquí, 

más pronto que tarde,

a formar parte del olvido, de un polvo callado,

de una foto que alguien besa entre lágrimas, y luego deja ir.

 

No fuimos, por querer ser lo que esperaban.

Olvidamos vivir. 

Y el precio de todo ello fue morir.





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