Oda al Amor

Oda al Amor


Oh Amor, raíz de todo incendio puro,

primer conato en la entraña del cosmos,

susurro que quebranta la tiniebla

y hace temblar al mármol y al destino.


No eres flor, ni herida, ni consuelo;

eres espada y vino, cielo y barro,

la voz que llama en medio del abismo

y da sentido al vértigo vacío del alma.


Tú eres el canto que no muere nunca,

la luz que incendia lo que toca el hombre,

el puente entre la sangre y lo eterno,

el mar donde naufragan, sí, los relojes.


Amas sin cansancio, sin un porqué, sin tregua.

No eres ley: eres llama indescifrable.

Rompes el miedo, el yo, la geometría...

lo das todo, y a cambio, pides nada.


Por ti, el verbo se hizo carne, y canto.

Por ti, el débil resiste, el fuerte tiembla.

Por ti, los dioses bajan de sus tronos

y el polvo sueña con ser infinito.


Oh Amor, herida dulce de los hombres,

permanece, aún si el mundo se derrumba.

Si tú ardes, y por ello no habrá noche que nos venza.

Si tú hablas, aún sabremos quiénes somos.


Chispa que todo lo puedes,

revolución ensimismada en quehaceres

tu, oh amor, ¿Qué haces al destino

de aquellos que sin querer fueron mas que nombres?

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