Eres todo lo que no pedí (y aquí estás)
Eres todo lo que no pedí (y aquí estás)
No eres mi
media naranja.
Más bien eres
la fruta entera,
con cáscara,
con semillas,
y con ese ácido
que arde si hay herida.
Y aún así —yo,
idiota— me quedé.
No eres lo que
soñé de niño
(ni yo soy el
héroe que ibas a tener).
Tus domingos
son caóticos,
tu risa es
escandalosa,
y tus
silencios... a veces matan.
Pero hay algo
—no sé qué—
entre el café
frío y tus manías con las sábanas
que hace que me
pregunte
si de verdad
vale la pena la paz
si no hay
guerra contigo.
Tú no me completas.
Me desordenas.
Me desmontas
las frases hechas
y me devuelves
las rotas.
Y aunque a
veces quiero huir
cuando me
hablas de tus plantas
o me corriges
la ortografía,
me quedo.
Porque me jode
lo mucho que me importas
y lo poco que encajas
en mi plan maestro
de no volver a
enamorarme.
Así que sí:
eres todo lo
que no pedí.
Y aún así,
a veces me
descubro
mirándote como
quien encuentra un poema
escrito a mano
en una
servilleta sucia.
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