A brasa lenta
A brasa lenta
La vida no grita, susurra.
Se arrastra a
veces como río cansado,
otras, corre
como niño sin miedo
bajo la lluvia.
No pide permiso, ni da explicaciones.
Te despierta
con una herida o una canción
y tú decides
cuál duele más.
Hay días que
son sólo aire,
otros que pesan
como siglos.
Y sin embargo, seguimos
-como si
supiéramos algo,
como si no
supiéramos nada-.
Amamos con
torpeza,
perdonamos con
orgullo,
y nos rompemos sin saber por qué
o por quién.
Pero ahí está:
esa brasa lenta, la vida,
esperando que
la soples
o que la
abraces
antes de que el
viento decida lo contrario.
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