Una cicatriz que llevo para siempre

Una cicatriz que llevo para siempre

Mi penitencia está plasmada en una cicatriz que llevo para siempre. 
Mi dios me ha abandonado, mi cuerpo y espíritu ha perdido la fe. 
Es el dolor que arrastro como forma de vida y ser feliz se ha convertido en un objetivo insalvable,                                                                                                                                                          [inservible.
No conozco atisbo alguno de esperanza y si esta aparece se muestra precaria abandonada a su suerte 
en la maleza de los restos que quedan de mi vertedero.
He abandonado lo que amo y ni yo me quiero, solo deseo que arda el mundo y que mande el pueblo 
pues acaso a ellos les pertenece la soberanía de sus corazones, de sus sueños. 
Pues estos son eternos.
Ya no conozco bondad ni sonrisas, en mi mente está presente la lucha por una batalla perdida, una más. Combatir acaso es el desvelo de lo vivo, la lucha pues se torna bella y hermosa, 
el ideal cobra sentido y nos rodea entonces el misticismo del héroe, 
el reflejo brillante y presuntuoso donde mirarnos y anhelar ser parte de el.
El todo es la lucha entre el bien y el mal, la patria, la amada, la madre, la tierra, el trabajo, 
el superarse cada día el ser uno mismo la meta y el objetivo. 
Dulce condena.
Y ahora llevamos alegres la prisión que nos han impuesto y sin quererla la amamos 
pues sabemos que no somos libres y esa es nuestra premisa constante, 
sabernos conocedores de alcanzar la libertad.

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