Vivo entre romances y tú eres el romancero. Se me acercan cantigas, bellas, verdaderas, coplas de Manrique, del marqués de Santillana, López de Mendoza al verso. Por amor de Dios: Santa Teresa, Juan de la Cruz. Vivo entre letras doradas, como anillo al dedo, alianza de honor, de letras y espada: Cervantes, Tirso, Boscán o Quevedo. Siglo de Oro. Me enamoré en un cementerio, quizá de la muerte; romanticismo, decían. Juan e Inés, ¿verdad? Bécquer, Espronceda, Zorrilla. Vivo entre besos, entre versos, enlazado y encadenado a estas malditas, suicidamente hermosas letras españolas. Ahora soy Unamuno, Lorca, Delibes, Machado, Hernández, Cela, Celaya, Rosalía… Mil vidas quiero, y ninguna si no escribo. Vivo y rimo; si no, muero. Soy… poesía.
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