A veces...
A veces
A veces queremos cambiar lo que no aceptamos y otras aceptar
lo que no queremos cambiar, o simplemente cambiar la aceptación de un querer y
querer aceptar un cambio.
A veces lloro a escondidas para que mis lágrimas sean solo mías, para que mis ojos sean el único testigo de aquel rio salado que surca las mejillas rojizas y arrugadas. Lloro para que nadie más merezca mis lágrimas y solo yo sea quien vea borroso el triste pasar del tiempo.
A veces me lamento por todo el mal causado, por causar lamento y lamentación, por el daño y desprecio, dolor resquebrajado en un adiós que tal vez no sea para siempre; por la rotura de corazón que cae en mil pedazos y no quiere latir, aunque se niegue a morir.
A veces te busco, como hoy, Dios, y no estás –quizá por no buscarte siempre- pues para los milagros hay que insistir y en un momento tenerles fe o solamente esperanza que cual sombra nos acompañe sobre todo en las malas, donde nadie quiere.
A veces temo a la vida y desprecio a la suerte y más aún temo a la muerte que, despiadada y sin escrúpulos, me busca en cada esquina, desequilibrada y odiosa de la abnegada conciencia que poseemos los mortales creyéndonos dioses, amos, almas ardientes que cabalgan el tigre.
A veces te sueño y sueño con volver, volverte y volverme loco, a veces no duermo por ese sueño y vivo desprotegido, a pecho descubierto, boca arriba con los luceros queriéndome disparar o apagándose para que sea yo quien los haga brillar.
A veces me caigo, y otras me levanto, te busco y vuelvo, a caerme. Lloro, sollozo, me arrepiento al ver que no estás, pero resisto el momento por un quizás.
A veces lloro a escondidas para que mis lágrimas sean solo mías, para que mis ojos sean el único testigo de aquel rio salado que surca las mejillas rojizas y arrugadas. Lloro para que nadie más merezca mis lágrimas y solo yo sea quien vea borroso el triste pasar del tiempo.
A veces me lamento por todo el mal causado, por causar lamento y lamentación, por el daño y desprecio, dolor resquebrajado en un adiós que tal vez no sea para siempre; por la rotura de corazón que cae en mil pedazos y no quiere latir, aunque se niegue a morir.
A veces te busco, como hoy, Dios, y no estás –quizá por no buscarte siempre- pues para los milagros hay que insistir y en un momento tenerles fe o solamente esperanza que cual sombra nos acompañe sobre todo en las malas, donde nadie quiere.
A veces temo a la vida y desprecio a la suerte y más aún temo a la muerte que, despiadada y sin escrúpulos, me busca en cada esquina, desequilibrada y odiosa de la abnegada conciencia que poseemos los mortales creyéndonos dioses, amos, almas ardientes que cabalgan el tigre.
A veces te sueño y sueño con volver, volverte y volverme loco, a veces no duermo por ese sueño y vivo desprotegido, a pecho descubierto, boca arriba con los luceros queriéndome disparar o apagándose para que sea yo quien los haga brillar.
A veces me caigo, y otras me levanto, te busco y vuelvo, a caerme. Lloro, sollozo, me arrepiento al ver que no estás, pero resisto el momento por un quizás.
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