1936
Las cunetas lloran al amparo del miedo que
campa a sus anchas por toda la geografía.
Las cunetas susurran por miedo a ser descubiertas.
Las nucas abiertas de par en par dejan escapar los pensamientos de dos Españas,
si es que existe una sola.
Los hombres son libres en la muerte, la vida es un desprecio
y tanto en Castilla como en Aragón
las madres ya no claman venganza,
no, sólo silencio y el deseo de que termine esa aberración.
Son los fusiles quienes gritan, unos ideales caducos.
Unos rojos, los otros azules,
claman sin embargo por lo mismo.
Unos Roma, otros Moscú,
y el hambre, la sangre y el rencor
son quienes verdaderamente mandan
en las calles de toda la nación,
o lo que de ella queda.
Huesos que recitan poesía
ante el hedor de la victoria y el recuerdo caduco de la derrota.
Tiros, ostias, empujones y vejaciones
cabalgan a lomos de las camionetas
que por toda España circulan
transportando almas sin vida.
Y si acaso quiero verte,
temo a la vida y más a la muerte
y deseo que la desidia
termine para siempre.
Pues las cunetas no mienten,
ni en reunión sus fosas y paredes,
los cementerios hablan, las ideas se fueron y las madres...
las madres lloran por sus hijos en silencio
deseando que esta mierda, esta guerra termine.
Sólo silencio
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